
Es por el contrario un salto cualitativo en las conciencias, la cualificación del sujeto histórico protagonista y creador colectivo de su propia revolución.
Desde este proceso de formación sociopolítica, se proponen un conjunto de claves teóricas y practicas hacia la construcción de una nueva institucionalidad revolucionaria, una institucionalidad adaptada y contextualizada a las exigencias del actual momento histórico que vive nuestro país, proceso en el que se asume socialmente la construcción de los principios y postulados de la democracia de la calle y el poder popular. Pero esta propuesta transformadora se termina coartando, distorsionando; incluso paradójica y contradictoriamente desde el seno de las mismas instituciones que suscriben el plan de formación sociopolítica como componente de la misión vuelvan caras.
El divorcio entre teoría y practica, la incongruencia entre lo que se dice con lo que se hace, los cambios artificiales y el no respeto a los acuerdos colectivos son algunas de las grandes contradicciones que desde la institucionalidad se reflejan. En el caso de la misión vuelvan caras, por un lado los propósitos de la formación sociopolítica y por el otro la cotidianidad de la institución, algo así como dos mundos paralelos, uno revolucionario y el otro exageradamente conservador y resistente a los cambios de este proyecto de sociedad llamado revolución bolivariana.
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